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La rigidez mental o el ser consciente

Me gustaría trasladaros dos situaciones que he vivido este fin de semana y que me parecen de una humanidad memorable. Por una parte, me encontré en Vitoria con un amigo mío, de apellido ilustre, twittero reconocido, publicista de profesión, conocedor del basket en general y del alavés en particular, seguidor del Baskonia, columnista pasajero y tertuliano de toda la actualidad del equipo baskonista. Coincidí con él en la entrada de una tienda de deportes. Él estaba acompañado con una persona de edad avanzada, un superviviente de la calle, sin recursos económicos conocidos, sin techo alguno que lo protegiera, comprándole un saco de dormir para que pudiera pasar la noche un poco más cómodo. La noche anterior le habían robado su saco de dormir, y cuando mi amigo se enteró, no dudó en entrar a una tienda y ayudarle. Casualmente era el cumpleaños de mi amigo, y no se le ocurrió mejor forma de celebrarlo que ayudando al que lo necesitaba. Una muy buena experiencia tanto para mí como para mi hija mayor que me acompañaba. Todavía existen en este mundo personas dignas de elogio y de ser conocidas. La segunda situación que he vivido ha sido en un partido de baloncesto donde jugaba mi hija mayor. En los segundos finales, cuando el partido iba muy parejo, una jugadora del equipo contrario, tras coger el rebote defensivo y tener la posibilidad de conseguir la victoria en el último ataque, tras un mal pase dado, se la dio al equipo de mi hija, y estas no perdonaron el regalo. La chica (categoría cadete) se le salían las lágrimas, a pesar de que sus compañeras intentaban animarla. La árbitra, paró unos instantes el partido, para animarla, le dijo unas palabras al oído, le acarició suavemente la cabeza, y reanudó el encuentro. Otro gesto de humanidad que hace más grande a este tipo de personas. Un 10 a la colegiada.

Estas dos situaciones han sido la CARA del fin de semana. Pero como todo en la vida, también está la CRUZ. A pesar de que todos reprobamos esas actitudes que constantemente nos presentan en la televisión, donde padres exaltados insultan e incluso agreden a árbitros o aficiones rivales, este fin de semana también tuvimos que vivir una situación de esta índole, mientras unas niñas de categoría infantil miraban alucinadas desde la cancha, como sus progenitores se enfrascaban en discusiones sin sentido. Y eso que el resultado final fue claramente favorable a uno de los equipos. No sé que hubieran sido capaces de hacer si el partido se hubiera decidido en el último segundo y con una acción injusta. La otra situación que marca la cruz fue en el siguiente partido donde un colegiado con mucho mayor grado de experiencia que el anterior citado, con muchas más horas de vuelo, fuera incapaz de rectificar una decisión errónea que tanto su auxiliar como los auxiliares de mesa lo reconocieron. La falta de argumentación para defender su postura se resolvió amenazando con expulsar a todo bicho viviente. Es la manera que tienen algunos de hacerse respetar. Pero para ganarse el respeto de los demás, lo primero es que tienes que empezar respetando a los demás. También debes ser discreto y prudente. No puedes entrar en controversias ni discusiones estériles, ya que es una manera de demostrar tu integridad como árbitro en un ambiente cargado. Hay formas de pensar que te impiden crecer como persona. Albert Einstein decía que “la mente que se abre a una nueva idea jamás volverá a su tamaño original”. Hay ciertos árbitros, que al igual que muchas personas, están llenos de estereotipos, creencias y prejuicios que son muy difíciles de eliminar. Eso nos lleva a la rigidez mental que merma nuestra capacidad de espontaneidad y positividad. Las personas con rigidez mental piensan que solo hay una manera de hacer las cosas; creen que su perspectiva es la única correcta y la de los demás errónea; no están abiertas al cambio porque solo el pensarlo les aterra; y se niegan a progresar. Esa rigidez mental es lo que provocó hacer una bola gigante de una pequeña apreciación que se le hizo. Y todo ello sin eludir las responsabilidades de todos los que tomaron parte en todo lo acontecido. Cuando nos equivocamos o erramos, en realidad nos está ayudando a aprender. Lo que todos debemos de aprender es que para crecer debemos de asumir esos errores y darnos cuenta de que lo que creíamos no era lo que realmente había sucedido.

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